LAS PAREJAS ESCONDEN EL SECRETO


Si buscamos maestros que nos iluminen y nos abran paso hacia una vida espiritual, con solo mirar a nuestro alrededor podremos encontrarlos. Nuestras parejas son los verdaderos maestros que nos muestran el camino para aprender, crecer y trascender nuestras aparentes limitaciones.

Esta es la verdadera razón por la que ellos han llegado a nuestras vidas. El entenderlo claramente desde el principio, nos ahorrará tiempo y dolor y nos abrirá a vivir esta experiencia en plenitud.


Ante todo, estar en pareja es un medio maravilloso para nuestra transformación individual. Estar en pareja ayuda a nuestro crecimiento porque nos descubre, nos vuelve mejores personas y nos permite ver aquellas cosas que, a solas, no podríamos ver.

Es muy valioso ese momento cuando nos cruzamos en nuestra vida con alguien porque nunca volveremos a ser los mismos. Las relaciones nos hacen crecer, nos vuelven más conscientes y nos devuelven la plenitud.

Pero para que una relación crezca y se vuelva una experiencia verdaderamente amorosa, se vuelve necesario verla desde otro punto de vista. Entender que estamos en ella para ampliar nuestra conciencia, para descubrirnos nosotros mismos y conocernos más.

Nuestra pareja, en verdad, es nuestro espejo. Nunca podríamos ver nuestra verdadera cara si no fuese por ella, que nos ayuda descubrir quienes realmente somos.


Confieso que resulta desafiante la idea de que nuestras parejas son la proyección de quienes somos, haciendo que esas emociones que se despiertan en mi, responden al reflejo que me devuelve quien está en frente.

Entiendo que, a veces, este puede resultar un punto de vista difícil de entender y lento de madurar, pero esto no tiene que ser necesariamente así. El primer paso es intentar cambiar el enfoque, como dice el Curso de Milagros, elegir otra vez de que manera lo queremos percibir.

Esta verdad de que proyecto en los demás cada parte que no puedo ver en mi parece esconder el secreto.

Y aquí se abren dos caminos: intento acabar con el problema destruyendo a la otra persona, a través de la culpa, los celos y los cargos o acepto ese conflicto como la oportunidad de, al fin, aprender una lección que me abrirá las puertas a una vida más sana en todos los niveles.

Si sigo enfocando hacia la otra persona solo estaré alargando el camino y haciéndolo más doloroso. La decisión de dejar de enfocar en lo que el otro debe cambiar y utilizar esa energía para observarme, para descubrirme y, de una vez por todas, mirar ese espejo que me está mostrando lo que está pasando conmigo, me permitirá realizar un cambio verdadero.

Así, los conflictos se transformaran, milagrosamente, en una oportunidad de crecimiento interior y conexión espiritual.

Llevamos en nuestra mochila muchos dolores que quedaron escondidos y que recién cuando alguien llega a nuestra vida nos permitimos sacar afuera. Y es que en la soledad no se curan las heridas. Son nuestras parejas las que nos ayudan a despertar ese niño herido que está pidiendo que lo quieran.

Sin dudas, esto se cura con amor, del que me doy yo mismo y del que me abro a recibir.

Si se trata de ser feliz y estar en paz, ¿para qué demorarse?

Agradece a cada persona que ha pasado en tu vida iluminándote y, especialmente, a quien ésta hoy frente a ti, recordándote el maravilloso ser que eres.

Que sean felices, sin demoras.


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