PAUTAS EDUCATIVAS PARA LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA




  1. Acompañar a cada hijo observando y admirando su desarrollo. Educar es un arte, una aventura y una responsabilidad. 
  2. Educar es orientar, acompañar, hacer salir todo lo bueno que hay en el niño de manera amorosa, pero firme. 
  3. El niño no es un adulto chiquito, hay que bajarnos a su nivel, reconociendo que está aprendiendo. El niño trata de hacer todo lo mejor posible. 
  4. Hay que ir dando tareas y responsabilidades a los niños, pero según su edad. No podemos pedirles que hagan lo que todavía no tienen la capacidad de hacer. 
  5. Cuando les pedimos que hagan algo por primera vez, mostrémosles como se hace, después hagámoslo con ellos, hasta que puedan hacerlo por sí mismos. 
  6. El respeto al niño es esencial para su buen desarrollo. Aún cuando le corrijamos, hagámoslo con amor y respeto. 
  7. Ante una acción inadecuada, invitémosle a reflexionar ¿me gustaría que esto o aquello me lo hagan a mí? Para que por sí mismos razonen acerca de sus actos y sus consecuencias. 
  8. Cada niño es un ser único, diferente y capaz, con su propio ritmo. Nunca debemos compararlos con los hermanos o amigos. La comparación hace mucho daño a los niños, tampoco se les debe estar juzgando como si fueran malos. Generalmente no hacen las cosas con mala intención. 
  9. Al niño le encanta la apreciación. La necesita para su buen desarrollo. Hay que decirles lo importante que ellos son para sus padres. 
  10. Los papás gritones que se pasan la vida sermoneando a sus hijos, los bloquean y no logran nada positivo. 
  11. Tratar de pedirle una explicación a todo, cuando todavía no es capaz, es negativo y le crea angustia. 
  12. Hay que dejar que digan su parecer, su punto de vista pero con respecto. Enseñarles a ser abiertos a la verdad y reconocer cuando están equivocados, reconociendo primero nosotros nuestros errores. Cada hijo nos enseña algo. 
  13. El niño en su casa debe relajarse, sentirse a gusto, aceptado y querido. 
  14. La principal vocación del ser humano es amar. Solo cuando amamos de verdad somos felices, porque la felicidad se logra cuando puedes hacer algo por otro, cuando logras hacer sonreír sonriendo tú primero, cuando haces sentir a la gente valiosa y cuando ayudas a solucionar problemas; cuando te interesas por el dolor ajeno y sabes acompañar. Y todo esto, solo lo podemos hacer si nosotros descubrimos lo valiosos que somos y cuándo bien podemos proyectar a nuestro alrededor.

Si logramos transmitir esto a nuestros hijos, podremos decir que hemos cumplido nuestra principal tarea como padres. No es necesario ser perfectos, pero sí es necesario que ellos vean que tratamos de ser lo mejor que podemos.

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