LAS RABIETAS

¿Qué son?

Las rabietas (o berrinches, como se les conoce comúnmente), son una manifestación de la frustración que el/la niñ@ está sintiendo ante una experiencia o situación que no salió como esperaba. Son parte natural de la expresión de emociones y siempre y cuando su aparición no sea excesiva en intensidad ni frecuencia, debemos permitirlas, para comunicarles a nuestros hijos la idea de que “se vale estar enojado de vez en cuando” y no contribuir a que repriman sus emociones.

 ¿Por qué se presentan?

De los 0 a los 18 meses de edad, l@s niñ@s poseen una percepción egocéntrica del mundo, pues creen que sus padres y todo a su alrededor existen por y para él/ella, y los padres contribuyen a dicha percepción, la cual, en su momento, es correcta, pues por ser aún bebés, los padres tienen que cumplir la funciones de alimentación, higiene, vestimenta, tranquilizar cuando llora, etc., y todo ello es necesario, pues de ahí es que en esa etapa l@s niñ@s obtienen su sensación de seguridad.

Posteriormente, de los 18 a los 36 meses, cuando l@s niños ya son capaces de desplazarse por cuenta propia y comienzan a sociabilizar con sus pares, comunicarse verbalmente, definir más sus gustos, etc., viene una etapa en la cual los padres requieren poner límites y decir: “¡No!” ante algunas de las exigencias de los hij@s y es ahí cuando la frustración inunda a nuestr@s niñ@s y sobrevienen las rabietas o berrinches. De ahí deriva el título adjudicado a “los terribles 2 años”, etapa en la que en algunos casos, la relación padres-hij@s puede tornarse un tanto estresante.

Sin embargo, es muy importante entender, que el hecho de que los padres den “negativas” a sus hijos y les establezcan límites, no es solo necesario sino indispensable para el nuevo desarrollo de su seguridad en sí mismos, correspondiente a esta siguiente etapa, en la cual irónicamente logramos alcanzar ese objetivo, enseñando a nuestros hijos que existe una Jerarquía de Autoridad como Padres que establecen límites y consecuencias de manera consistente.

 ¿Existen diferentes tipos de rabietas?

            Podemos distinguir 2 tipos principales de rabietas y que varían de acuerdo al tipo de temperamento que presenta el/la  niñ@. Encontramos que existe aquella que se expresa a través de un llanto desconsolado y ansioso, llena de sollozos y tristeza, que es más característica de niñ@s con Temperamento Sentimental y Nervioso, ante las cuales podemos abrazar para consolar a nuestr@s hij@s y/o también permitirles llorar por un lapso y decirles que cuando se tranquilicen pueden venir a nosotros para recibir un abrazo y tomar un vaso con agua, por ejemplo. Y por otra parte, encontramos la rabieta conductual, que generalmente se da como reacción ante una negativa de los padres y en la cual pueden llegar a haber gritos, llanto, golpes, etc.; en esta también es característico descubrir que el/la niñ@ emite sonidos y realiza gestos como si estuviera llorando, pero en realidad no están saliendo lágrimas de sus ojos. Esta es frecuente en niñ@s con estilos Temperamentales Coléricos y Sanguíneos y en niñ@s cuyos padres tienen estilos de educar diferentes entre ellos, inconsistentes y/o sobreprotectores y permisivos.

¿Cómo lograr disminuir la intensidad y frecuencia de las rabietas?

            A continuación se presentan una serie de consideraciones importantes tomar en cuenta para lograr el objetivo de disminuir las rabietas o berrinches:  

-Anticiparse a las llamadas de atención del niño prestándole, en la medida de lo posible, una atención adecuada antes de que empiece su mal comportamiento.

-Valorarle todas las veces que se porta bien y reforzar sus conductas positivas mediante elogios,  lenguaje no verbal, alabanzas o premios (por ejemplo, si antes hacía rabieta para bañarse y ahora ya no lo hace, recordárselo y alabarlo por eso).

-Para ello, es necesario en primer lugar transmitir la idea a nuestr@s hij@s de que todas sus acciones tienen consecuencias positivas o negativas, según sea el caso, y por ello, debemos compartir con ellos la noción de la existencia de las normas o reglas del hogar, las cuales para asegurar su eficacia deben cumplir con los siguientes criterios: a) ser puestas en común acuerdo entre los padres, b) llevar implícita la idea de que su trasgresión conlleva a una consecuencia.

-La efectividad de la consecuencia o castigo debe cumplir también con una serie de criterios: a) ser inmediato a la aparición de la conducta  no deseada (no se vale, aplicar el castigo días o semanas después de haberse cometido la falta), b) ser congruente con la falta cometida, y c) ser aplicadas de manera consistente por ambos padres y/o figuras de autoridad involucradas en la educación de los niñ@s.

-Para ello, es necesario en primer lugar transmitir la idea a nuestr@s hij@s de que todas sus acciones tienen consecuencias positivas o negativas, según sea el caso, y por ello, debemos compartir con ellos la noción de la existencia de las normas o reglas del hogar, las cuales para asegurar su eficacia deben cumplir con los siguientes criterios: a) ser puestas en común acuerdo entre los padres, b) llevar implícita la idea de que su trasgresión conlleva a una consecuencia.

-Ante la ineficacia de otras consecuencias o castigos, utilizar la técnica del “tiempo fuera” o “sillita o rincón de castigo”: Sacar al niño del lugar donde esté en el momento que está teniendo una conducta inadecuada y llevarle a otro lugar que no sea divertido para él/ella. Se le explicará que saldrá de este lugar cuando decida portarse bien. El tiempo que permanecerá en dicho lugar dependerá de la edad del niño, iniciando desde 10 segundos cuando tienen entre 1 y 2 años, 30 segundos cuando ya alcanzan los 3 años y 1 minuto a partir de los 4 años de edad.

-En otros casos, funciona también la técnica de Ignorar la rabieta y No prestar atención alguna cuando el niño adopte esas actitudes para impedir que consiga los objetivos perseguidos con las rabietas (permisividad y sobreprotección de sus padres, invertir la Jerarquía de Autoridad), advirtiéndole que sólo se le prestará atención cuando deje de llorar y patalear, y que mientras tanto puede llorar todo lo que quiera. Esta actitud es necesaria, ya que con ella desvalorizamos la rabieta delante del niño. Acompañar dicha explicación con nuestros gestos y lenguaje no verbal para enfatizarla, sobre todo para niños pequeños.

-En ningún caso debemos intentar castigar durante una rabieta, sino que en todos los momentos en que se dé esta situación debemos "ignorarla" para conseguir la extinción de este tipo de conducta, o bien, si es una rabieta en la cual el niño puede estar atentando contra su integridad física y la de los demás, abrazarlo fuertemente y retirarlo del lugar hasta que se tranquilice. El abrazo debe de inmovilizar hasta cierto punto las posibilidades de movimiento del niño.

-Cada vez que ante una situación en que aparecía una rabieta manifieste una conducta positiva, debemos felicitarlo y animarlo a mantener este tipo de conductas.

-Si como consecuencia de la rabieta  deja de hacer una actividad que debía realizar, se le deberá obligar a cumplir dicha tarea después.

 

 Psic. Abril Pacheco Patrón

apacheco@centropsicologiaintegral.com


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